Era el primer día de clase. Tocaba pintar un paisaje, y el perro Simón quería pintar un paisaje soleado, no tenía amarillo y fue a pedírselo a la urraca Rigoberta, y ella no se lo dejó.
Al día siguiente tenían que hacer un dibujo de su huerto y Rigoberta iba a pintar unos tomates, pero no tenia rojo, y se fue a pedírselo a Simón, y este le contesto:
- Manos que no dais ,¿qué esperáis?
Y Rigoberta tuvo que pintar unos tomates azules.
FIN.
Autor: Lucía Alonso 3º C
Una fábula muy chula.
ResponderEliminar