Érase una vez un niño llamado José que tenía
unas zapatillas mágicas. Un día las perdió, y un niño llamado
Pedro las encontró. Pedro, cuando llegó a casa, se las enseñó a
su madre y su madre le dijo:
Pedro
le contestó:
La madre le
dijo:
-
Seguro que alguien las estará buscando.
-
No, no había nadie, solo las zapatillas-añadió Pedro.
-
Tienes que devolverlas, seguro que alguien las estará buscando.
Luego pondremos carteles a ver si alguien llama.
Al día
siguiente, Pedro salió corriendo al patio con las zapatillas
puestas. Pero lo que Pedro no sabía era que tenían un poder
extraordinario. Cada vez que saltaba, las zapatillas le hacían
saltar hasta el cielo mientras Pedro saltaba sonriente. Una semana
después, unos amigos de Pedro le invitaron a jugar un partido de
baloncesto. ¡Ganaron 1-8! El equipo de Pedro había ganado, en parte
gracias a él.
Unos días más
tarde, un niño llamado José llamó para que le devolvieran las
zapatillas. Pedro no quería devolverlas, porque le gustaban
muchísimo, pero se dio cuenta de que no eran suyas y debía
devolverlas a su dueño. No está bien quedarse con lo que no es de
uno.
Al final, se las
devolvió, y Pedro y José quedaron felices.
Sofía Álvarez Rojas 3º
A